Taller de lectura y oralidad


El patito feo
En una granja llena de grandes árboles y flores, donde vivían muchos animales, se encontraba la pata empollando en su nido cuatro huevos. Cuidaba de estos con mucha dedicación y estaba ansiosa por la llegada de sus hijos. Sabía que pronto nacerían, así que fue a buscar al corral de las vacas un poco de pasto seco para hacer más cómodo y mullido el hogar de sus patitos.
En su camino de vuelta encontró escondido dentro de un gran pastizal un huevo, mas grande y oscuro que los que ella tenía, se acerco con cuidado, lo observo, lo toco, y por último se sentó sobre él como si fuera uno de los de ella. Así fue que se dio cuenta de que también ese huevo estaba por nacer. Miro para todos lados para arriba, para abajo, más lejos y más cerca pero no había nadie, nadie que buscara ese huevo pronto a romper.
El huevo parecía temblar de frio, así que sin pensarlo más la pata decidió llevarlo a su nido. Lo arrastro con su pico, lo hizo rodar cuidando de que no se partiera. Hasta que al fin llego, agotada puso el huevo en su refugio y se sentó muy contenta y orgullosa a darles calorcito a sus ahora cinco futuros hijitos.
Estaba muy cansada de tanto viaje, de ir y venir por lo que se quedo dormida.
Un rato después una extraña sensación despertó a la pata, eran sus pollitos, estaban naciendo. Poco a poco sus cascarones empezaron a romperse, primero uno, luego otro, la mama estaba maravillada, hasta que vio al más grande que no se rompía que ni siquiera se movía. Se preocupo mucho, pero pensó que quizás al ser más grande tardaría mas, los demás ya estaban fuera y miraban a su alrededor con asombro. Mama pata se acomodo nuevamente encima del huevo y acomodo sus patitos bajo sus alas para que no tuvieran frio, espero y espero hasta que por fin sintió que el gran huevo se estaba moviendo, su último hijo estaba naciendo. Cuando empezó asomarse, sus hermanos veían que era diferente a ellos, la mama también lo veía y aunque sabiendo la historia no presto atención, para ella todos sus hijos eran hermosos. Ahora si con sus hijos recién nacidos la mama salió a presentarlos a los demás animales de la granja. Primero se encontró con la vaca del corral de al lado y esta le dijo:
- ¡Que hermosos hijos tienes!-
- Si, gracias, ya lo sabía – dijo orgullosa ella
- Pero ese último – siguió la vaca - ¡que horrible bicho! –
La pata agarro al pequeño y dijo – ¡QUE SEA DIFERENTE NO QUIERE DECIR QUE SEA FEO!-
Una lagrimita callo de los ojos del pobre patito.
Así, todos los animales de la granja fueron a conocer a los recién llegados. Y todos coincidieron en la belleza y ternura de estos nuevos integrantes, pero también, en la fealdad del que era distinto     
 -¡Tendrá que irse este feo animal de aquí!  Gritaron a coro todos los animales.
El pobre patito estaba muy triste, no entendía porque él tenía que ser diferente a sus hermanos.
La mama muy enojada tomo sus niños y les dijo,
 - algún día se arrepentirán de sus palabras –
Y se fue a su nido muy angustiada por lo que había pasado.
Al mismo tiempo que iba cortando pastito verde y tierno para alimentar a sus hijos decía:
–no hagan caso niños, todos son hermosos y van a ser estupendos –
-Si mama– dijo el patito feo –pero todos dicen que tengo que irme.-.
Uno de sus hermanos dijo – es verdad mama, el no es igual a nosotros –
Los otros patitos restantes asentían con la cabeza.
– todos somos diferentes– dijo la mama –y todos tenemos algo que nos hace ser hermosos -.
Y los patos se quedaron callados comiendo lo que su mama les daba.
Llego la noche y lo único que alumbraba la granja era la gran luna que brillaba en lo alto. Todos se fueron a dormir. Mama pata acomodo a sus hijitos en el nido, y dijo
– ¡todos a descansar mañana les enseñare a nadar!-
Y se durmieron contentos entre las plumas de su mama, menos el patito feo, que todavía seguía angustiado y no quería salir fuera de su nido nunca más, no quería que nadie lo vea.
El sol salió y los patitos ansiosos se despertaron, de un salto salieron del nido, estaban apurados por ir al lago. Mama pata se preparo, sacudió sus plumas, y cuando estaba lista para salir, noto que el patito feo no estaba. Desesperada comenzó a buscarlo y le dijo a los patitos que también lo hicieran… ellos empezaron a caminar en búsqueda de su hermano, que aunque sabían que era distinto, lo querían mucho porque era dulce y bondadoso.
No podían encontrarlo por ningún lado, buscaron en la casa de los cerdos, en los nidos de las gallinas, entre las patas de las vacas, debajo de las largas colas de los caballos… y nada.
Los animales de la granja al ver a la señora pata tan triste y a los patitos tan agobiados por la constante búsqueda sin resultados, decidieron armar un equipo de trabajo y buscar todos juntos;  
-al fin y al cabo, nosotros tenemos la culpa de que el pequeño se haya ido- dijo el gallo arrepentido
-si es verdad, fuimos egoístas e incomprensivos- dijo la vieja gallina
–Tenemos que encontrarlo y pedirle disculpas- dijo la vaca culposa.
Entonces todos comenzaron a buscarlo.
Después de una larga búsqueda incesante todos estaban agotados, pero nadie quería parar a descansar hasta no encontrar al patito extraviado, que debía estar muy solo y triste. Uno de  los hermanitos vio unas pequeñas plumitas que salían de un tronco hueco, todos corrieron a ver que había y para sorpresas de todos era “EL PATITO FEO”. Contentos lo abrazaron y saltaron juntos gritando ¡lo encontramos!, la mama salió corriendo a buscarlo y entre llantos y risas volvieron a su casa. Los animales les pidieron disculpas sabían que habían actuado terriblemente mal
-Perdónanos patito, nunca más va a volver a ocurrir- dijeron todos.
Entonces la pata decidió contarles la historia del huevo encontrado. Todos se quedaron con la boca abierta, algunos con el pico, viendo la valorable actitud de la pata.
El patito dijo, - ¿eso quiere decir que vos no sos mi mama y ellos no son mis hermanos?-   
  - yo soy tu mama, te di calor y amor todo este tiempo, y ellos son tus hermanos, te quieren y estuvieron siempre con vos- dijo la mama,
 -ahora entiendo todo- dijo más tranquilo, caminando hacia el granero, donde lo esperaban todos con una gran fiesta de bienvenida, para limar asperezas.
Transcurrido un tiempo en una tarde donde el sol brillaba, los cinco patos ya crecidos y su mama estaban en el lago divirtiéndose, cuando de repente llegaron un montón  de extrañas aves.
 – Tú eres igual a esos patos blancos- le dijo un hermano al patito feo,
 La mama corrigió –no son patos, son hermosos cisnes-
Y viéndose en el reflejo del agua comprobó que era cierto lo que le decían.    –Tú eres uno de ellos, eres un cisne, ve y háblales- dijo la mama.
Emocionado el pato, perdón el cisne, fue a presentarse y a conocerlos; ellos lo recibieron amistosamente, elogiándole su hermosura; es que sus plumas brillaban como ningunas, su largo cuello hacia que se viera elegante, era  a la vista el más lindo de todos los cisnes.
Lo invitaron para que fuera con ellos de paseo, ya que estaban por salir a buscar aguas más frescas, el acepto gustoso, le pidió permiso a su madre y después de muchas recomendaciones y promesas partió contento a su nueva aventura.
Desde ese día  todas la primaveras, emigra con sus pares. Pero siempre vuelve con regalos y vivencias para compartir junto a su madre y sus hermanos, sin olvidar a los animales de la granja que lo esperan siempre con una gran bienvenida.
¡PORQUE QUE SEA DIFERENTE NO QUIERE DECIR QUE NO PUEDAN QUERERLO!
Fin

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